54 años después, la naturaleza sigue llamándonos a actuar

Viviana Contreras Cabezas

Docente de Medicina Veterinaria, sede Santiago

El Día Mundial de Protección de la Naturaleza, nos invita a recordar que el año 1972 el ex presidente de Argentina Juan Domingo Perón envió una carta a Kurt Waldheim, entonces secretario general de las Naciones Unidas. El mensaje ambiental dirigido a los pueblos y gobiernos del mundo expresaba: “Ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobreestimación de la tecnología. Es necesario revertir de inmediato la dirección de esa marcha, a través de una acción mancomunada internacional”.

A 54 años de aquel mensaje, sus palabras nos interpelan. ¿Cuánto habría cambiado nuestro presente si, desde entonces, hubiésemos orientado nuestras decisiones hacia una relación más ética y responsable con la naturaleza?

El cuidado de la naturaleza es justicia social

En los últimos años, la naturaleza nos muestra su fuerza mediante olas de calor y de frío, huracanes, trombas marinas, inundaciones y sequías. Aunque no todos estos fenómenos pueden atribuirse directamente al cambio climático, este intensifica diversos eventos extremos y agrava sus consecuencias. Ningún país ni estrato socioeconómico está libre de sufrir sus efectos; sin embargo, los impactos son desiguales. Los países más pobres y las comunidades con menos recursos son especialmente vulnerables, pues disponen de menores capacidades para prevenir los daños, responder y recuperarse. Cuidar la naturaleza también exige justicia social y solidaridad.

El año 2015 se adoptaron dos compromisos internacionales fundamentales: el Acuerdo de París, un tratado jurídicamente vinculante para enfrentar el cambio climático, y la Agenda 2030, con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. A cuatro años de ese horizonte, cabe preguntarnos: ¿hemos tomado conciencia real de la importancia de proteger nuestro patrimonio natural?

Existen esfuerzos valiosos: iniciativas ciudadanas y de organizaciones ambientales, políticas públicas, educación ambiental, empresas que incorporan prácticas de gestión responsable y universidades que integran la sustentabilidad en sus campus, en la formación profesional y en la investigación. Sin embargo, estos avances necesitan profundizarse mediante una transformación cultural que modifique nuestros hábitos y formas de producir, consumir y relacionarnos con el entorno.

Una reflexión necesaria

Hoy, te invitamos a contemplar la naturaleza con todos tus sentidos: respira, percibe sus aromas, escucha y siente. Esta naturaleza existe mucho antes que nosotros y somos parte de ella. Su capacidad de adaptación no significa que pueda soportar indefinidamente el daño que provocamos: nuestra supervivencia y bienestar dependen de ecosistemas saludables.

La naturaleza contribuye a la fertilidad del suelo, la regulación del clima, la polinización y la provisión de agua, alimentos y recursos medicinales. También nos ofrece belleza, recreación, aprendizaje y bienestar.

Recordar este mensaje es una oportunidad para renovar nuestro compromiso. Valorar, cuidar y proteger la naturaleza requiere acciones cotidianas y decisiones colectivas. Cada persona, institución, empresa y gobierno tiene una responsabilidad en el resguardo de la vida presente y futura.

Cuidar la naturaleza requiere hábitos responsables: ahorrar agua y energía, reducir residuos, evitar plásticos desechables, reutilizar, reparar y reciclar. Planificar las compras y compostar ayuda a disminuir el desperdicio. También debemos proteger la flora nativa, los polinizadores y la fauna silvestre. Al visitar espacios naturales, respetemos senderos, retiremos residuos y prevengamos incendios. Preferir transportes menos contaminantes y participar en iniciativas comunitarias fortalece el cuidado ambiental. Conocer y valorar nuestros ecosistemas promueve una cultura de sustentabilidad y un compromiso colectivo con la vida presente y las generaciones futuras.

Vivimos en un maravilloso país, que cuenta con una riqueza de diversidad de recursos naturales tan diversos como el desierto florido, desde el norte hasta el extremo austral y antártico de nuestro país; cuidar y proteger nuestro hogar es tarea de todos.